jueves, julio 13, 2017

Mazatlán, México 2017

Por segundo año consecutivo escogimos que las vacaciones en familia sean en Mazatlán, México.

Allí, mi esposo sirvió su misión para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hace más de 20 años y a penas el año pasado regresó por primera vez despues de haber servido como misionero. Es una linda experiencia para mi esposo y también para nosotros como familia de conocer los lugares por donde él estuvo caminando, enseñando y predicando por dos años.

Cuatro noches y cinco dias... Hotel Ramada Resort, sexto piso y con vista al mar. No puedo pedir mas!!!  Aquí esta la prueba de la hermosa vista.

Primeramente debo mencionar que hicimos un trayecto largo para llegar a esa playa. Nuestro viaje comenzó saliendo desde Utah en nuestra minivan hasta Ciudad Juárez. Es un viaje que nos toma 14 horas manejando y siempre lo hacemos de un jalón. Solo paramos para la gasolina, un desayuno rápido o almuerzo, usar el baño y... vámonos!!!
Cd. Juárez es la ciudad donde vivió mi esposo por sus primeros 18 años y alli aún se encuentra gran parte de su familia. Es un placer vivir no tan lejos y visitar a la familia y pasar tiempo todos juntos. Esta vez nuestro destino final no era Cd. Juárez, sino Mazatlán! Igualmente quedamos por tres días en Juárez y convivimos con primos, abuela/o y tías. Y para no perder la costumbre jugar a las cartas y al dominó! Aquí van algunas fotos...

Todos los primos juntos aunque aun faltan muchos más!!! De Izquierda a derecha: Alex, Isaac, Melina, Ruth, Daniel, Alejandra, Oscar, Aaron y el tio Rogelio como "el mentecato mayor"

Jugando al Rummikub con las tias Alejandra y Laura.



Gracias a mi "selfie stick" pudimos salir todos en la foto. Alli estamos junto a mi suegro Rogelio desayunando en Viva Mexico!

No se como entramos, pero lo importante que entramos las 11 personas en la minivan con 100 grados F.

El dia miércoles emprendimos el viaje saliendo de Cd. Juárez a Mazatlán  en los autobuses de la UACJ. Este año fueron tres micros que salieron cargados y de nuestra familia se anotaron 10 para este viaje que fué organizado por la universidad de la ciudad. Ver foto.



Debo mencionar que es un viaje largo de 18 horas en autobús. De ida se hace una parada para pasar la noche en la ciudad de Durango. Se duerme en un hotel y al dia siguiente se sigue viajando por tres ó cuatro horas mas hasta llegar a Mazatlán. El paisaje es maravilloso entre Durango y Sinaloa ya que cruzamos la sierra madre occidental y decenas de túneles y alguno que otro puente.

Esa primer noche nos dieron la bienvenida con música, baile y cena. Creo que todos nos divertimos en la fiesta y los niños chicos corrían por todos lados. Ellos tenían su propia fiesta en el fondo del salón mientras que los grandes bailábamos.

Junto a mi esposo tratando de bailar. Siempre he sido pata dura para moverme!

La primer noche en el hotel casi no dormí. Primero, por no estar acostumbrada al romper de las olas y segundo, por la banda sinaloense que caminaba de un lado a otro de la playa dando serenatas. La banda toca instrumentos tales como el clarinete, trompeta, trombón, tuba, batería, etc. Es algo típico del lugar pero no muy grato para mi oído después de escucharlos por más de cinco minutos.

Por suerte en la segunda noche llovió, incluso esa noche fuimos a comer unos ricos tacos fuera del hotel y caminar por el malecón y regresando nos agarró un aguacero que tuvimos que protegernos por un rato bajo techo para no empaparnos tanto pero aun así nos mojamos mucho. Pero gracias a la lluvia esa segunda noche no se escuchó a la banda tocar por la playa y fue la noche que dormí de un tirón! Gracias querida lluvia por escuchar mis plegarias!!! jajaja

El tercer dia fue un paseo a la Isla de la Piedra. Un paseo en barco y algo mas... adivina quien venía en el? Una banda... Noooo!!!! Por una hora me los tuve que aguantar arriba del barco!!! y adivina que más...??? Ellos tambien fueron para la isla con nosotros y al mismo restaurante y tocaron los condenados por tres horas sin parar!!!! Claro que con cerveza en mano no se cansaban de tocar y tocar. Tenian energía para rato!!!! Te juro que al término de ese día tenía la cabeza que me iba a explotar.

Debo destacar que en el barco, haciendo a un lado a la pobre banda, me conmovieron hasta las lágrimas de una pareja mayor que estaban conmemorando 35 años de casados. El hombre tomó entre sus manos un anillo que sacó de su bolsillo y contó que lo habia comprado hace 25 años para entregárselo a su esposa en el aniversario número 35. Y le pidió si se casaría con él nuevamente. Que ejemplo de amor!!!

Aqui está el barco que nos trajo a la Isla de la Piedra. Eramos como 140 personas apróximadamente en este viaje a Mazatlán!

Luego del barco nos transladaron en vagones acarreados por tractores para llegar al destino final que era comer en un restaurante al aire libre junto a la playa y tres horas de banda!!!
La última noche en Mazatlán la recuerdo muy bien. después de un largo día de playa, caminatas y piscina a mi hijo se le dió por mirar hacia el techo de mi habitación y se encontró con una linda lagartija. El grito que pegué hizo que todos entraran al cuarto a mirar y las ganas de dormir esa noche se me fueron por ese maldito animalito. Me imaginaba que caería sobre mí durante la noche o que se metiera entre las sabanas y hay... nooo!!!! Por más que le dije a mi esposo que lo sacara de allí, el muy hombre me dijo que era imposible agarrarlo y con eso ya dicho se acostó a dormir!!!! Rrrrrrrrr
Esa noche, ahora sí, necesitaba de la banda para que me mantuviera despierta y ¡vijilar esa largatija!

Fueron muy bonitas las vacaciones. Muy cortas pero bonitas al fin. Me gusta la playa, me relaja mucho. Ojalá tuviera una casita en alguna playa del mundo.

El regreso fué cansador. El lunes viajamos por 19 horas llegando a las 2:00 de la madrugada de regreso a Juárez. Dormimos ahí por cuatro horas en la casa de mi suegra y luego a empacar todo y salir para Utah manejando las otras 14 horas restantes porque al día siguiente mis hijos tenían que estar en un campamento.

Nunca nos pasa nada por el camino, pero esta vez se nos ponchó una llanta de la minivan en el medio de la nada. Siempre se ve por la carretera pedazos de llantas y uno piensa "¡espero que nunca me toque a mi!" Esta vez nos tocó a nosotros.




Por suerte un buen samaritano (Tyron) paró para ayudarnos y poner la rueda auxiliar y así manejamos hasta el pueblito mas cercano (Farmington) en Nuevo Mexico para hacer el cambio por una nueva llanta.

Fin de la historia.

Mas fotos...
Simplemente yo!

Junto a mi hijo Isaac

Un momento de meditación y reflexión
Es fascinante correr por la playa


No puede faltar mi foto con los brazos abiertos!

Isla de la Piedra

Vista del mar desde el cuarto del hotel